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Subir al Monasterio de Tentudía no es solo un ejercicio de conducción por las revueltas de la sierra pacense; es, sobre todo, un viaje vertical hacia la leyenda. Estamos en el techo de la provincia de Badajoz, a 1.104 metros de altitud, donde el aire sopla con otra intensidad y la historia se siente pegada a la piel.

El milagro de la luz: «¡Santa María, detén tu día

Dice la crónica que en el siglo XIII, el maestre de la Orden de Santiago, Pelay Pérez Correa, se vio envuelto en una batalla feroz contra los sarracenos en estas cumbres. El sol empezaba a hundirse tras el horizonte y la oscuridad amenazaba con arrebatarle una victoria que ya sentía cerca. En un arranque de fe, o quizás de desesperación, clamó al cielo: “¡Santa María, detén tu día!”.

Y cuentan que el sol se quedó quieto, congelado en el firmamento lo justo para que las huestes cristianas terminaran su trabajo. Sea verdad o leyenda (y en la Vía de la Plata la línea que las separa es deliciosamente delgada), lo cierto es que aquí arriba se respira algo distinto.

ilustración milagro de Tentudía

Una fortaleza con alma de barro

Al llegar, lo primero que sorprende es la sobriedad del edificio. No busquéis catedrales góticas llenas de encajes de piedra; El Monasterio de Tentudía es una iglesia-fortaleza. Sus muros son recios, defensivos, pensados para resistir el tiempo y los envites de la montaña.

Pero el verdadero tesoro aguarda dentro:

retablo santa maría Tentudía

El Retablo de Niculoso Pisano: Es, sencillamente, una joya. En 1518, este maestro italiano creó una obra maestra de azulejería que hoy sigue deslumbrando con sus amarillos, azules y verdes. Es el corazón de color de un monasterio de ladrillo y piedra.

Junto a la nave central, hay una capilla adyacente donde descansan otros maestres de la Orden de Santiago.

cripta caballeros

El Claustro Mudéjar: De una sencillez que sobrecoge. Caminar por sus galerías es como entrar en una cápsula del tiempo. Aquí el silencio solo se rompe por el viento que se cuela desde la sierra.


La recompensa del viajero: Un balcón infinito

Si algo nos gusta a los que recorremos estas rutas es la perspectiva. Desde el exterior del monasterio, la vista domina la comarca y se pierde hacia Andalucía y el sur de Extremadura. Es el lugar perfecto para aparcar, sacar la cámara y entender la magnitud del territorio que estamos pisando.

El Monasterio de Tentudía no es solo una parada técnica en la Vía de la Plata; es el lugar donde el tiempo, como el sol de Pelay Pérez Correa, parece haberse detenido para que podamos contemplar, por un momento, la inmensidad de lo que nos rodea.

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